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Varsovia llueve (2)

Puede adquirirse aquí.

Varsovia llueve (3)

Editorial Devenir

 

Invierno respira.

Penetra las mil islas de la mente,

tensa el aire salino,

y dibuja destellos en interiores breves.

El Vístula en sus ímpetus

abraza orillas arenosas

y bosques apagados.

Hay un frío de óxido en sus puentes heroicos

y los silencios anchos.

Un  hombre de rostro sereno

y serio

bebe su café.

No ha quitado su abrigo.

Miro a su pueblo.

Soy una mujer polaca.

Amo el cerezo y los tilos

y las aceras rotas.

 

(De Varsovia llueve)

 

NO SER

 

Quiero entrar en la sima del mundo,

abrazar la losa

y el crujido discente,

sentir las aguas

subterráneas,

el fósil descuidado,

la estéril languidez del lodo,

los barrotes de óxido.

Quiero ser Kafka

en sus dibujos desvariados,

Praga en blanco y negro,

debajo del Moldava,

culebreando entre los puentes.

He alumbrado mil huevos de paloma,

he crecido en los cauces de los ríos,

serpenteé en Finlandia.

He deseado la matriz del mundo.

Late en la tierra el animal.

 

( de Los desiertos del tiempo)


 

MITOLOGÍAS

Te encontré en el barro.

Desanduve cintura y brazos

de corteza.

Alcé tu cuello,

bebí tu boca

y mastiqué tu lengua,

hasta hacerte hablar

las lenguas del infierno.

Sostuve tu cabeza,

los párpados abiertos

mirando hacia la nada complaciente.

Me abrí los labios

y te nací dentro,

en medio de los gestos melancólicos

y otros cantos.

Rasgué el tronco anacreóntico,

mitad pez,

y me detuve.

El río herido,

mi herida rota,

tu enarbolado sueño anfibio.

 

 ( de Los desiertos del tiempo)

EN EL PRINCIPIO FUE EL SILENCIO

 

Si el viento interrumpiera su murmullo frío

y la niebla cediera, esponjosa, ante el bosque de agujas

encendidas,

entrevería una costa gris, sembrada de destellos anodinos,

donde esconderme, piedra pequeña,

punta de flecha pálida,

en un resquicio de un verano céltico.

¡Robles!

cuánto camino para ser lluvia sosegada,

sin ruido,

sin ruido otra vez,

quiero que me oigáis,

y en la tarde,

sigilosa,

ser un fósil reseco en el camino,

para después perder el habla

o, mejor, tallarla en piedra fría

y luego

tirarla deshojada,

muda,

vientre roto, atravesado mil veces de la hierba,

a los glaciares.

 

 (de Cuerpos varados)

COSTA ESTE

 

La carretera se deshace

sinuosa,

descabalgada

de un verano lacerante,

arrancada sin vacilar

contra el abismo

deseado y abierto.

Sombríos recodos

y hojas demudadas

de luminoso corazón

atienden la memoria.

Dispone el frío primero del otoño

la certidumbre

y el pasmo acostumbrados,

el quieto hacer

de la mirada

lanzada como red.

Miel es la derramada tarde

que todo lo ennoblece,

cercado el tiempo

de las plegarias.

Sólo así,

ante el acostumbrado

mar de la tranquilidad,

en este pequeño

y escondido cráter lunar del universo,

mezo la vida descarnada.

Me la quisieron devolver

sin ojos.

 

 (de La luz de Orión)

EL TIEMPO DETENIDO

 

Cae la noche,

ya sus bordes dilatados se posaron

sobre el monte tranquilo,

todavía la claridad lechosa y acerada

asoma detrás del eucalipto.

Vertió la memoria su lenta sabiduría

sobre nuestros pasos

y te vi de espaldas,

y me llegó el pasar de tu vida

que caía entre mis dedos,

hacia mis brazos y mis pechos

en derrotada huida.

No respiraba por miedo

a abrirlos demasiado y perder

tu savia.

Ni una partícula de nuestros cuerpos

se irá detrás de ese bosque,

al otro lado.

Nos ataremos a los árboles

y al camino que desciende.

Nos ataremos a la hierba y al río,

al pan.

Todavía es el ocaso.

La luz es inmensa en esta

hora tardía y sosegada.

 

(de Animal marino)